El Duelo
Que Hacer
Dios, causalidad trascendente

 

Ante las preguntas: ¿Colabora Dios en un accidente mortal? o ¿Dios quiere la muerte absurda?, debemos responder que Dios no firma sentencias de muerte

Víctor M. Pérez Varela, S.J

Ante las preguntas: ¿Colabora Dios en un accidente mortal? o ¿Dios quiere la muerte absurda?, debemos responder que Dios no firma sentencias de muerte, y que la “voluntad” de Dios no significa un querer despótico y arbitrario, sino un dejar fluir la vida con respeto a las leyes de la naturaleza, y a los causes libres que el hombre le da responsable o irresponsablemente.

En otras palabras, la filosofía aristotélico-tomista considera la acción de Dios causalidad trascendente, y su acción no puede alinearse en la secuencia de los eslabones de las causas segundas.

Dios es causa primera y causa de las demás causas segundas a las que confiere su fuerza, pero no es, precisamente por ser causa primera y trascendente ,una causa junto a las demás causas, una causa intramundana. No podemos meter a Dios de contrabando en el engranaje de la causalidad creada y finita, no podemos invocar ordinariamente su actuación en contra del mecanismo normal de esas causas.

Como fulminado por un rayo

Mark Twain

El autor, cuya hija Susy murió repentinamente a los veinticuatro años de edad, escribe en su autobiografía:

“Es uno de esos misterios de nuestra naturaleza que un hombre, sin estar preparado, pueda recibir el golpe fulminante de un rayo como ese y vivir, no hay una sola explicación razonable para ello, la inteligencia es aturdida por la impresión y no puede más que recoger a tientas el significado de las palabras; el poder entender la completa importancia del suceso está piadosamente a la espera. La mente tiene un inexpresivo de la gran pérdida –que lo es todo. Esto le llevará a la mente y a la memoria meses y posiblemente años para recoger todos los detalles, y entonces aprender y conocer toda la extensión de la pérdida.”

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